Terminó cuando la hora en el reloj rugía,
porque el deseo dictaba otra cosa.
Que solo una hora me supo corta
para gozar de una mujer como Sofía.
Belleza, alegría, escultural y simpatía,
son los apellidos de Sofía.
Placer, gozo, éxtasis e ilusión
son mis nuevos apellidos,
tras solo una hora con ella de excitación .
Nada más verla tienes la impresión de conocerla de toda la vida, como si no fuera la primera vez, lo que hace que la noche fluya de maravilla.
Te guía en la conversación, tan emotiva e interesante, que se nos olvida lo esencial, y con educación, te pide si te puede besar…
Ahí ya te derrites y sabes que no tienes el control y que no lo necesitas.
Te dejas hacer, en la ducha, en la cama, en los gestos, en los actos.
No puedes dejar de mirarla porque quieres grabar cada segundo de esos sesenta minutos, pues no sabes cuándo se repetirán.
No se puede describir como te quedas tras ver cómo se cierra la puerta en la despedida.
Solo queda atrapar la esencia del momento y confiar que el próximo encuentro con Sofía no se demore en demasía.
J. de Paula.
